Curiosa
resulta la discordante
secuencia de locuras
que llamamos «vida»,
tan extraña
y excitante,
cuando tu mayor caída
resulta
en tu mayor paso…
 
… En tu mayor lección…
 
 
 
 
En medio de la
odiada
amada oscuridad
cerré mis ojos.
La negrura reflejó
lo partida de mi alma
y, de súbito,
un fulgor
de esos que tanto añoro
encandiló mis sentidos,
desconcertó mi sangre.
 
 
 
… Tu mano extendida…
 
 
 
Del abismo me rescatas
sin alas,
ni falta de ellas,
sólo con tu sonrisa,
con tus ojos puros,
con tu permiso,
con tu toque…
 
 
Me muestras mi fuerza,
mi debilidad,
mi falta
de sentido común,
mis añorados
puntos de paz,
me muestras el manual
para reparar al niño
que tanto ha llorado,
que no sabemos cómo,
ni cuándo,
ha esbozado una pequeña sonrisa.
 
 
 
 
Tanto eres
tan así,
tan bella,
tan imparable,
tan pura,
tanto te has
incrustado en mi vida
que, aún herido
por la ignominia
del mundo que me ha tocado,
me siento tan bien
a tu lado…
 
 
Como luz de luna
me has hecho
sonreír de nuevo…
… Y no pienso soltarte…
 
 

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