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16 de Enero de 2017 – Sobre el Caos

Sí, conocí a una persona y me supo a rayos. Quisiera compartirlo con el ciberespacio, mi querido lector, por muchas más razones que el mero hecho de desahogarme.

La trama de esta historia podría bien ser usada para una de esas películas de los años ochenta y noventa de suspenso semi-erótico. Aunque, por supuesto, ella nunca podrá ser superada, pero… 
 

 
 
Todo, como siempre sucede en mis más peculiares aventuras, comenzó con una mujer. Por una convención que ella misma decidió adoptar, y con la intención de no revelar su identidad, la denominaré «Alguien», con lo cual mi relato se torna más divertido, desde una perspectiva sintáctica y semántica. Espero que eso sea de tu agrado.

Comenzaré diciendo que Alguien es una chica de unos veintitantos, de cabello largo y enmarañado, ojos oscuros y razonablemente bonita, tanto como atractiva… Sí, mi querido lector, se que soy fácilmente impresionable, pero ya sabes lo que Confucio solía decir:

«Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla».

De cualquier manera, consideré bonita la chica que ha sabido protagonizar uno de esos momentos que mi mejor amiga sólo podría definir como una «Chocoaventura».

 

Rápidamente comenzó una conversación que prometía ser amena y que podía llegar a algo, pese a las curiosas y, hasta cierto punto, intrigantes preguntas que sabía «sacar de su sombrero» de forma intempestiva: «¿Tienes algún T.O.C.?», «Si vieras a alguien cayéndose frente a ti, ¿Qué harías?»… Me recordó al inmortal Guasón del actor Jack Nicholson, en algún momento…

 

Al final de cuentas, la conversación con Alguien fue evolucionando. Llegué a tener la idea de que es una chica sensible y, hasta cierto punto, divertida, con quien podía entretenerme horas enteras charlando y con quien nunca sabría qué esperar (Lo que no es lo mismo que una mujer impredecible, algo bastante peligroso, cabe mencionar)… Y pronto se notó en ella una atracción hacia mí, lo que resultó ser recíproco, inicialmente en un nivel únicamente físico. Y, con eso en claro para ambos, decidimos encontrar un espacio para conocernos en persona y ver si la química que tanto mencionan los «gurús del amor» estaba ahí.

… Y en ese momento comenzó un error de una cadena de errores…

Me encontré con Alguien en cercanías de mi casa. Llegó a tiempo y aprecio el detalle de haber llegado hasta aquí, en vez de habernos citado en otro lugar. Sin embargo, al saludarla, nos dimos un beso. ¡Sí, mi querido lector, un beso, sólo al conocernos!

Ahí surgen dos teorías encontradas, y ambas son enteramente válidas. La primera es la de que me aceleré y me excedí con ella, no debí arrancar con un beso de entrada. Cierto, a todas luces. Sin embargo, la segunda es también interesante: Ella no debió permitirlo si no lo deseaba, por lo que Alguien también se aceleró al permitirlo todo desde un principio. Eso es cierto, de igual manera.

Cuál es cuál, depende del lente con que mires.

 

 

Lo cierto es que Alguien y yo entramos a casa esa noche. Conversamos, a nuestra manera, ella con su mirada errática y su voz aguda y fuerte, yo con mis palabras confusas y la estupidez que todo el que me conoce puede determinar en mí. Tuvimos la oportunidad de conversar y de darnos cuenta de que Alguien ha estado muchas veces en un sitio que frecuento de la Universidad donde asisto, pero que nunca habíamos notado la existencia el uno del otro… Sí, es extraño, pero no creas: ¿Cuántas veces te has topado con una persona antes siquiera de conocerla y ver sus maravillas?

Bueno, transcurrió la noche, disfrutamos nuestra compañía y todo fue bueno. Sin embargo una campanilla repicó en mi cabeza al momento de que Alguien se fuera a su casa. Mis voces hablaron.

  • Oye, David, ¿No te parece que estás haciendo algo al revés?
  • ¿Como qué, viejo?
  • Como saber con quién te estás enrollando en primer lugar, ¿O qué opinas?
  • Bueno, he conocido un poco de ella y también he sentido lo suficiente…
  • … Lo suficiente para… ¿Qué?
  • Ehm… Bueno, viejo, tienes razón, pero «después de ojo sacado no hay Santa Lucía que valga», ¿No?
  • No, ¡No! Para tus caballos, mi querido amigo, recuerda los golpes contra el mundo, recuerda…
  • Concuerdo con el viejo, David, no debes olvidar a tu ex-mujer, «con paciencia y salivita todo puede ser».
  • Sí, mujer, y les doy la razón a ambos, pero ya me enredé con ella. ¿Ahora qué?
  • Pues háblale, tonto, dile las cosas como son, que ella entenderá, y si no entiende pues bueno, ya sabremos a qué atenernos.

Y así fue, al otro día, por Internet, le dije que debíamos tomarlo con calma y que me había precipitado en besarla antes de tiempo. Se que bajé la cabeza, tal vez sin necesidad, pero era mejor que fuera de esa manera… Hasta que todo se echó a perder. No fue buena la respuesta y eso se lo tomó Alguien bastante a pecho. No recuerdo bien las palabras, pero me dijo que era un desgraciado y que no debía «hacerle esto». Al final me gané una serie de insultos…

… Y ella desapareció. Sin embargo, también es cierto que no me dejó explicarme lo suficiente. De ahí que hubiera soltado ésta entrada de mi blog. Cuando contestó yo me encontraba fuera de la ciudad, por vacaciones.

En esencia, manifestó que se le había pasado la rabia, mucho más cuando leyó mi publicación. También me dijo que entendía la situación y que estaba de acuerdo, así que quedamos en que sólo eramos amigos, que habían miras a formalizar algo más… Y que nos veríamos en persona para ultimar detalles al respecto.

Sin embargo, cuando se llegó la oportunidad y tuve que volver a casa, se presentó una dificultad al momento de regresar, lo que retrasó un día mi viaje. Y eso terminó de fastidiar las cosas. Lo recuerdo bien…

Todo es más importante que yo…

Eso comenzó una discusión de apoteosis, en la que Alguien, bastante ofuscada y decidida a que le hiciera caso, profería insultos y, a fuerza de frases como «No me hagas esto», o «Fui una tonta al creer en ti», quería convencerse a sí misma de que no podía ir el día acordado a casa para verla porque no lo deseaba, y convencerme a mí de que viajara el día acordado…

… Como si pudiera siquiera.

 

 

Lo cierto es que, al final, volví a casa el día en que tuve que volver, previa labor de convencimiento para que nos viéramos ese día. Estuve haciendo oficio y esperando a que mi familia se fuera para el destino que teníamos para celebrar las fiestas de fin de año, cuando ella me escribió de nuevo. Le dije que a las 4 de la tarde le confirmaba si nos íbamos a ver o no, porque no sabía a qué horas saldría mi familia, o si saldrían ese día o al siguiente…

… Y a las 3:50 ya se encontraba escribiendo. Yo estaba haciendo oficio. No debía desconcentrarme o nunca terminaría, como sabes, mi querido lector.

Le pedí que esperara y entonces el pandemónium volvió. Sólo le dije «Dame un momento», ¿En serio fui grosero con mis palabras? Y mis voces y yo respondemos al unísono: ¡NO!

Pero Alguien nunca lo vio así. El esquema de su discusión llegó aún más lejos, con cosas como «O nos vemos hoy o nunca volverás a saber de mí en tu vida».

Mi querido lector, corrígeme si me equivoco, pero… ¿Qué las personas que se dicen eso no son los esposos? Digo, ¿Marido y mujer?

Así le respondí, ya llevado por la rabia de terminar siempre en medio de esta calaña de charlas: «No permitiré que me hables de esta manera, ni que lleváramos años de casados como para que me hables así».

 

Silencio.

 

Al rato accedí a verla al fin de cuentas, porque tenía que arreglar este asunto… O finiquitarlo de una vez por todas, dado el caso.

Y volvió a mi casa, y conversamos por largo rato para tratar de dejar todo en claro. Quedábamos como amigos, nos gustábamos y había intenciones de iniciar una conversación formal. Y luego, vino la noche. Nos quedamos juntos y no hubo problema, aunque ella se exasperaba, ahora de manera intempestiva, y usaba palabras que yo le había dicho anteriormente para justificarlo…

… En resumen, se hizo impredecible. Ya usé esa palabra en esta entrada, ¿Verdad, mi querido lector?

 

Sí… El caos comenzó justo ahí…

Luego, por fin, dormimos.

Al otro día, Alguien volvió a su casa y bueno… Me dijo desde allá que, supuestamente, hablando dormido, le había dicho algo como que iba a cumplir su deseo y «Te amo»…

… ¿Ah?

 

 

 

Entonces, por la ventana de chat, Alguien me dijo que lo que ella deseaba y necesitaba era, realmente, cuatro cosas: Estabilidad, apoyo, una relación de pareja… y Amor.

Puedes imaginarte mi cara de póquer cuando me dijo eso. Sin embargo, debía buscar sensatez en medio de tan bizarra situación (Bizarra en el sentido anglosajón de la palabra), por lo que le respondí rápidamente:

«La verdad, no tengo idea de que me estas hablando cuando me dijiste que te dije algo sobre cumplir un deseo o un «te amo», discúlpame que lo diga así pero no te amo. Ademas, si me encontraba dormido, no se puede contar con que haya dicho algo en serio o de forma coherente. Eso, por ese lado. Por otra parte ya me dijiste que necesitas y deseas una relación seria, creo que ya habíamos quedado en que aun no íbamos a formalizar ninguna relación seria y necesito que, por favor, comprendas mis motivos: Aun no nos conocemos lo suficiente para entregarnos el corazón a la ligera. Si, se que no concuerda, porque me acelere desde un principio, pero creo que ya me he disculpado contigo varias veces por ello. Por otro lado, estoy consciente de que lo que estoy escribiendo no es lo que quieres escuchar y me disculpo por eso. Respecto a lo que deseas o necesitas, seré enteramente honesto: No estoy seguro de valer la pena lo suficiente para darte amor, no creo servir de apoyo para nadie y ni siquiera yo mismo soy enteramente estable para darte estabilidad, así que puedes contar conmigo para animarte».

Quiero pedirte, mi querido lector, que, si acaso te parecen groseras o inadecuadas las palabras que acabas de leer, lo expreses en la caja de comentarios, porque la respuesta de Alguien no se hizo esperar… Y no fue agradable.

«Yo se que no me amas, y ya me quedo claro que lo de cumplir mi sueño no fue algo serio…también que estoy perdiendo mi tiempo contigo ya que no me puedes dar lo que deseo, a pesar de que ya cometiste el ERROR de pretender algo y luego arrepentirte, no se si es suficiente una disculpa, no necesito una disculpa en verdad, tus motivos son egoístas porque quieres estar conmigo, tener sexo, hacer cosas de novios y todo pero no tener nada. Habíamos quedado en algo lo se, lamentablemente siento cosas por ti, No parece que en verdad te interesara estar conmigo puesto que tu propuesta de bloquearte parece muy de que no te importa si me voy o no… Si no vales la pena o no estas seguro entiendo, eso es mas negativo para mi que para ti, tu no sientes lo mismo que yo. Por otro lado no tiene para nada sentido lo que me dices, no porque no sea lo que quiera oír sino porque en verdad me esta alejando de ti. Al parecer soy una estúpida, y cualquiera que viera tu mensaje diría «en verdad no soy nada para David Ospina», «David en verdad esta loco». Me duele mucho, me siento mal. En definitiva estas muy loco, pero creo que mas loca estaría yo si volviera a caer en tus palabras falsas, crueles, dulces pero venenosas. David, fuiste un gran dolor en el dedito chiquito del pie, lo peor, un dolor que duro mas de un instante. Creo que solo resta decir con la poca dignidad que me queda «adiós», que te vaya bonito, aunque en definitiva no lo merezcas».

Y hasta ahí llegó la situación, mi querido lector, con Alguien. 

 

 

 

Uno creería que la historia acaba ahí, pero ¡No! Luego de muchos días en que había tenido paz, súbitamente llegó a mi una invitación en Facebook. Una chica que, por motivos de escritura llamaré «la señorita», y que aseguraba desear conocerme comenzó una súbita conversación, y todo iba supuestamente bien… Hasta que me dio por darle un enlace de este blog.

Entonces salió la señorita con que lo primero que veía era «Una respuesta tardía«. Ése es un detalle importante, y ya lo explicaré. De momento, tienes que saber, mi querido lector, que la conversación terminó por converger en esa entrada específica, y nada más. La señorita empezó a recriminarme de alguna manera mi actitud hacia Alguien, expresada por medio de esa entrada. Luego de un par de explicaciones en un lugar inapropiado para responder (Estaba en un bar, disfrutando de un concierto que proporcionaba una de mis mejores amigas), la señorita decidió ignorarlas todas y no expresar más que «Tú te aceleraste con ella»…

… Pero lo más curioso de todo era que, mientras ésta conversación tenía lugar, Alguien me mandaba imágenes de caras llorando y corazones rotos.

¿Sospechando algo, mi querido lector? En ese momento, yo también. Pero mis dudas no se aclararían sino hasta que la señorita se despidiera, cuando tuve tiempo de pensar… Y mis voces hablaron nuevamente.

  • Un momento, David.
  • Mujer, ¿Qué pasa?
  • ¿Qué no habías escrito algo después de «Una respuesta tardía»?
  • ¿Ah? … … … ¡Oye, sí, es cierto, escribí «Ignominia«!
  • Pero la señorita dijo que sólo había encontrado «Una respuesta tardía», y que estaba al principio.
  • No es posible, lo primero que aparece siempre es lo último que he publicado…
  • ¡MALDITA SEA, DAVID, NOS HAN ENGAÑADO!

Entonces lo entendí. Alguien estaba mandando personas a socavar información de mí, con el fin de tratar de convencerme de volver con ella…

… O de que me sintiera mal por no hacerlo.

 

 

Le envié un mensaje a Alguien y le dejé en claro que había notado a la señorita, y que lidiaría con ella en su momento. Le agradecí los insultos de antes y me despedí con su propia frase:

Fuiste un gran dolor en el dedito chiquito del pie, lo peor, un dolor que duro mas de un instante.

 

Acto seguido, tanto Alguien como la señorita me bloquearon al unísono, confirmando mis sospechas. Todo había acabado. Pero, de pronto, otra persona me ha agregado súbitamente en Facebook. También, al igual que la señorita, viene del mismo lugar de donde viene Alguien…

… Mientras tanto, Alguien está intentando acercarse a uno de mis mejores amigos, dando «Me gusta» a muchas de las cosas que tiene publicadas en su perfil de Facebook y tratando, eventualmente, de poner conversación…

… Y entonces, entré en lo que podríamos llamar «modo de auto-preservación». Un estado constante de prevención y casi de manía que me impulsa a verificar TODO acerca de cualquier persona que intente ponerse en contacto conmigo y que no conozca de antes.

 

Algo como lo que le pasó a «Miguel» cuando sacó a todos sus amigos de «La famosa red social» en medio de su historia con «Sofía», ¿Recuerdas, mi querido lector?

Lo cual nos lleva a este momento. Escribo estas líneas con la esperanza y el deseo de que el mundo conozca la historia, para proteger mi integridad y, con cierto grado de probabilidad, mi vida.

Contaré contigo, mi querido lector. Si conoces la historia, si sabes quién es ese Alguien, y algo llegara a pasarme, quiero que sepas que ella es la responsable. Quiero que esta parte de mi vida sea pública, no sólo para evitar posibles represalias hacia mi persona o mi entorno, sino para dejar claro que el primer error en toda esta historia, en efecto, fue mío.

No debí atreverme a involucrarme a tal nivel con alguien que no conocía. Otra vez.

No debí permitir que Alguien tomara las alas que tomó, y menos tan rápido.

No debí meterme con Alguien en primer lugar… O tal vez hubiera sido posible, pero…

Ese beso

No debí besarla en primer lugar, y eso fue lo que marcó mi sentencia desde un principio.

Dicen que «El hombre llega hasta donde la mujer lo permite», pero creo que es de parte y parte, y la sensatez debe jugar un papel fundamental en ese tipo de situaciones. Sensatez que no supe seguir en ese momento. Sensatez que lamento no haber tenido.

Y, mi querido lector, si eres ese Alguien, quiero decir «Lo siento»,  quiero decir «Adiós», y quiero que seas muy feliz. Y que olvides esta historia y sigas tu camino siempre hacia adelante, y que crezcas siempre y la tierra te proteja.

Brindo por ti, en silencio…

 

 

 

 

Por cierto, ¿Sabías que conocí a Alguien por medio de la aplicación «Tinder»?

 

 

 

 

Buenas noches.

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