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23 de Octubre de 2016 – Acto de contrición

Cuando sabes que la bala viene hacia ti, y sabes que la mereces, lo menos que debes hacer es ponerle el pecho.

Esta reflexión, creo yo, es una de esas actitudes que surgen como resultado de las muchas experiencias que he vivido en mi vida. Y, en este momento y en este caso, creo que no existe mejor forma de ver lo que ha sucedido, y lo que puede suceder. Pero, para poder dar una idea de lo que ha sucedido, he de contar la historia con detalle. Omitiré algunos detalles que no vienen al caso y, de ser posible, evitaré mencionar circunstancias personales de las personas involucradas en este caso. Pero, en aras de la verdad, usaré nombres y apellidos correspondientes a personas reales, tal vez por primera vez en este blog.

Como muchos saben, soy cantor en el coro juvenil «Vivaldi», del Instituto de Cultura y Fomento al Turismo de la ciudad de Pereira. Hasta ahora, he llevado una carrera relativamente agradable, he crecido y ha pasado mucho desde el momento en que fui aquel chico que, en «Colombia Tiene Talento», hizo el ridículo frente a la televisión nacional en el año 2012.

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Ahora, a mis 32 años, conservo y preservo mucho de lo que fui en aquel entonces, pero muchas otras cosas han evolucionado. Espero que sean las suficientes para que mi vida, con todo lo que he hecho de ella, sea más y mejor cada día.

Mi camino no ha salido, ni he querido que salga, del coro que ya he mencionado. Y, en eso, he tenido bastantes alegrías…

… Pero no esta vez.

Y es que, para nuestro ensayo habitual de los días viernes, sucedió algo demasiado malo al finalizar el ensayo. Cuando sucedió el inconveniente que hubo con mi compañera Dana (Que no conozco ni deseo conocer realmente, valga aclarar), Felipe, hijo de Francy, una de las dos madres que apoyan el proceso de nuestro grupo, salió de clase. Unos segundos después, salí yo al baño, como suele pasar después de un buen rato… Y al regresar me encontré a Felipe conversando con dos personas. Me le acerqué porque no lo notaba bien, ni anímicamente ni de salud, y le pregunté qué le pasaba. Me dijo que estaba enfermo y que estaba molesto porque debió quedarse descansando y que porque usted no quiso que él descansara su voz.

Al momento en que dijo eso noté algo curioso en su voz. Una especie de «seseo» que se mostraba a la hora de hablar, como suele pasar con los cantantes fumadores que he escuchado a lo largo de mi vida (Alejandro Sanz, Steven Tyler, Axl Rose, y muchos otros). Entonces le dije las siguientes palabras: «Parcero, tenga cuidado que pareciera como si estuviera fumando, cuide mucho su voz», y le hice con dos dedos el signo de sostener un cigarrillo. Con esto sólo quise decir que su voz se parecía a la de un cantante fumador y, ante eso, hay que tener alerta.

(Te invito a que escuches estas dos canciones para que lo compruebes tú mismo, mi querido lector)

Pero nunca quise insinuar, ni mucho menos, que él estaba consumiendo ninguna sustancia de ninguna especie. No se si sea facil de entender, mi querido lector: Decir que pareces algo no es lo mismo que acusarte de serlo… Digo, yo tengo cara de ser filósofo, ¿No?

Hasta ahí, todo muy bien. El problema es que, al finalizar el ensayo, Francy, madre de Felipe, se me acerca «con tres piedras en la mano» y me dice, casi a los gritos, que yo no tenía por qué acusar a su hijo de consumir MARIHUANA, ya no sólo cigarrillos, ni mucho menos decirlo de frente o insinuarlo, todo esto en medio de palabras fuertes y gritos. También me acusó de defender «demasiado» a mi querida compañera y amiga del alma Sol, y de ser demasiado cariñosa con ella. Bueno, frente a esa última acusación, me declaro culpable y no me avergüenzo de ser muy cariñoso con alguien a quien le gusta que lo sea y que, además, me lo permite y con quien me siento a gusto siéndolo, sin ninguna intención más allá de la expresión de ternura que me corresponde ver.

Pero lo que más me impactó fue cuando me dijo, entre palabrerías, acusaciones varias y algunas lágrimas que, ante esta situación, ella tomó la decisión de irse del coro junto con sus dos hijos. Casi de forma automática le pedí disculpas por mis palabras, ya que, sin lugar a dudas, habían herido bastante a la señora y a su hijo en el proceso.

Sin embargo, ya había engranajes rodando a raíz de esto. Varios niños amigos de ambos chicos rompieron en llanto en medio de la situación. Algunos de ellos me miraban con desasosiego. Otros, simplemente, con ira. Creyeron que no lo había notado… Pero sí lo hice.

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Jamás, mi querido lector, he estado a gusto con la idea de que haya personas a mi alrededor que sufran por mi culpa. Y cuando esto ocurrió, al salir del recinto donde nos encontrábamos, me senté en una escala del Instituto de Cultura. Más temprano que tarde, las lágrimas brotaron de mis ojos. Me sentí culpable y furioso por haber, aparentemente, provocado algo de tal calibre.

Pensé en múltiples soluciones para este asunto. No quería que ella se fuera, porque no era justo que estos chicos pagaran los platos rotos por mi culpa. Así que pensé en reunirlos a todos, emitir cartas a todas partes e, incluso, en irme.

Sin embargo, mientras pedaleaba de regreso a mi casa, luego de un par de tragos y lágrimas con un querido amigo, mi mente se aclaró y mi cabeza se enfrió.

Así que decidí escribirle al director del coro, el querido Maestro Gerardo Dussan, sobre esta situación para que tuviera «las cartas sobre la mesa» y quería que tomara en consideración esta situación, porque muchos estudiantes comenzaron a tomarciertas posturas bastante fuertes, como la del compañero que escribió en el grupo de Facebook del coro palabras bastante tristes para mí… Especialmente porque, al fin y al cabo, somos todos amigos.

Y si es usted, compañero, quien está viendo esto, le pido que recuerde que dije, desde un principio, que usaría nombres y apellidos.
Y si es usted, compañero, quien está viendo esto, le pido que recuerde que dije, desde un principio, que usaría nombres y apellidos.

Por eso le expresé a mi director que, por el bien y la justicia, quería que tuviera presente que, si acaso él consideraba que lo que he hecho fue suficientemente grave, mi puesto estaría a su entera disposición. Pero no quisiera causar daño a la estructura o mentalidad de mis compañeros y, si esto es mi culpa de alguna manera, es mejor que salga yo a que se retire Francy, que ha sido demasiado importante para este grupo y para este proceso, y mucho más con sus hijos.

Así que, esto fue lo que sucedió y dejo la situación en sus manos, Maestro. Si desea que le haga las aclaraciones del caso, solo tiene que pedirlo y lo haré… Muchas gracias.

Esas fueron las últimas palabras que le dejé al Maestro Gerardo en la ventana de chat destinada para ello en Facebook. Simplemente, estoy dispuesto a aceptar y asumir las consecuencias de mis acciones…

Sin embargo, ahora que he contado la verdad, quiero hacer ciertas salvedades que, con algo de tiempo y cabeza fría, he logrado descubrir. Mi querido lector, antes de juzgar, te pido que leas estas salvedades y entenderás a qué me refiero.

  • En ningún momento, y quiero repetir esto, EN NINGÚN MOMENTO acusé ni insinué de ninguna manera que Felipe o ninguna otra persona del coro estaban consumiendo ningún tipo de sustancias alucinógenas. Sólo manifesté que la voz del chico aparentaba ser la de una persona fumadora, en lo cual no hay ningún pecado, excepto el hecho del que el chico no estuviera usando sacos, chaquetas, bufandas o algún otro elemento que le permitiera una mejor y más óptima recuperación.
  • Si alguien pensó, de alguna manera, que mis palabras tenían tales connotaciones, indudablemente fueron quienes MALINTERPRETARON mis palabras y, por tal error, no tengo ninguna culpa. Yo sólo puedo hacerme responsable de lo que yo diga, no de lo que otros interpreten, ¿Verdad?
  • Si, por alguna razón, la salvedad anterior fuera falsa y tuviera la más ligera sospecha de que Felipe, así como cualquier otro estudiante, consumiera alguna sustancia alucinógena de naturaleza nociva e ilegal, no se lo diría al estudiante en sí mismo. No tendría sentido alguno. Al no ser esa mi labor, lo comunicaría directamente al Maestro Gerardo o, en este caso particular, a su madre, Francy, a solas, para no herir la susceptibilidad del estudiante en mención, ni mucho menos ponerlo en entredicho.
  • Si alguien es la persona más idónea para juzgar el comportamiento de algún estudiante, o inclusive de cualquier persona en cualquier lugar, créeme, mi querido lector, que NO SOY YO. Ya suficiente tengo con mis problemas como para entrar a intentar solucionar los problemas ajenos.

En Caldas, el lugar de donde vengo, hay un dicho un tanto soez: «Cuando vaya a tirar mierda, tírela marcada». Así que, mi querido lector, si estás involucrada o involucrado de alguna manera en esta situación, te invito a que me lo digas de frente, no como el compañero que expresó en un medio como Facebook sus problemas pero no usó mi nombre. No tengas miedo, no voy a morderte ni a hacerte daño en ninguna medida. Para mí, y esto lo llevo como filosofía de vida, la pluma siempre será más fuerte que la espada y el puño nunca será tan fuerte como una buena conversación.

Lo cierto es, mi querido lector, que el Maestro Gerardo me respondió la misma tarde de hoy. Su respuesta tomó un rato y considero, desde mi humilde punto de vista, que es la más acertada. Con ella me despido y te invito a expresar tu opinión en esta caja de comentarios, o por donde te parezca más adecuada. Al igual que en las imágenes y palabras anteriores, no omitiré ningún nombre ni apellido, en aras de mantener todo este tema con la mayor transparencia posible. Además quiero dejar claro que, si quien sea tiene cualquier pregunta o duda al respecto, estoy enteramente dispuesto a escucharla o leerla, y a responder de la manera más apropiada posible.

Así pues,mi querido lector, espero tus comentarios…

Buenas noches.

Y... Dime, ¿qué opinas?
Y… Dime, ¿qué opinas?

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