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3 de Abril de 2017: Luz de Luna

Albert Einstein dijo: «La oscuridad es la luz que no ves»

En medio de todas las «chocoaventuras» que han sabido ocurrir en mi destartalado devenir en los últimos años, por encima del dolor, del aparente sufrimiento, del karma ganado y auto-impuesto, de la vida y sus muertes, de la muerte y sus vidas, de todo aquello que he sabido vivir, sufrir y mamarme, he tratado de sonreír todo el tiempo que he podido…

… Pese a todo.

Pero nunca, nunca he sido ajeno a la realidad de mis actuales circunstancias, y no me molesta saber o decir que sólo unos cuantos han sido mis mejores momentos. Sin embargo, «todo va a salir bien», son siempre mis palabras y, generalmente, no fallo en decirlas.

Aunque, no siempre bien sea como uno pudiere, o no, desear. ¿Verdad, mi querido lector?

Y, sin embargo, la vida no ha dejado de sorprenderme. Como ahora.

Te contaré una historia. Como siempre, su protagonista es una dama. Pero, esta vez, es una historia hermosa. Al menos, para mí.

 

 

 

Su nombre… No, no es sensato mencionar su nombre. Por eso, y para que tenga un cierto atractivo literario, la llamaré como Alejandro Sanz a su musa torturadora: Ella.

Las fiestas de la cosecha de la ciudad de Pereira ofrecieron una excusa para que muchos, más jóvenes en aquel momento, saliéramos a cambiar un poco el aire que respirábamos, la música que adornaba nuestro día a día y, en resumidas cuentas, el ambiente en que solíamos vivir por aquel ominoso 2013.

Y entonces, como siempre con mi destartalada bicicleta, subía caminando por la avenida circunvalar, inusualmente llena de gente por aquello de las fiestas… Y, de pronto…

Ella se encontraba sentada junto con un par de mis amigos, en una esquina. Disfrutando la noche. No lo olvido. Vi su rostro, pensé: Qué linda. Aunque, por aquel entonces, mis intereses se encontraban en otros horizontes. Si me conoces, mi querido lector, sabrás a qué y a quién me estoy refiriendo.

Sin embargo, nuestro tiempo apenas estaba comenzando, y comenzaría por el mismísimo lugar por el cual una mente divergente como yo jamás lo hubiera pensado.

Una conversación normal. Convencional. Tranquila.

Ella resultó ser muy inteligente y sensata. Una chica agradable, como pocas. Y sí, mi querido lector, se lo que estás pensando: ¿»Ojos de Serpiente»? Pero recuerda: La inspiración de aquella desafortunada serie de eventos aún no existía en ese tiempo, y mi vida era… otra.

… Sin embargo, no pude evitar pensar en ella, y de mi pensamiento no salió… Al menos durante un par de meses.

 

Luego, ocurrió la debacle que acabó la más hermosa de las historias que han ocurrido en mi vida. Tal vez te hable sobre ella, mi querido lector. Pero lo cierto, al fin y al cabo, es que debí seguir con mi vida desde entonces.

Así, caminé tanto como pude. Seguí mi vida, como más pude. Mientras tanto, ella hizo lo propio. De pronto, nos volvimos a encontrar.

 

 

Entonces, volvimos a conversar, con la calma y la alegría que sólo dos buenos amigos han de tener. Fue ahí cuando descubrí la verdadera magia detrás de su belleza inusual y, por añadidura, la singularidad de su esencia…

 

Sí, mi querido lector, en medio de un café y una buena conversación, me cautivó.

 

Continuamos nuestras conversaciones por medio de las redes sociales. Me di cuenta entonces de que es una chica supremamente sociable, con gustos por la música suave y alternativa, una increíble lucidez y sensatez en el mundo, que gusta de comida saludable y de mucho café, que estudia en una universidad de una ciudad cercana y que adora lo que estudia, al nivel de aplicar lo que aprende en cada cosa de su vida. Una chica trascendente, cognitiva, con un pensamiento interesante y, por encima de todas las cosas, libre…

… En otras palabras, una chica normal. Simplemente, Ella.

 

Sí, mi querido lector, sé lo que has de estar pensando: «Ya tuviste una relación con una chica normal y no funcionó», y es cierto… Pero, si analizas, la normalidad de ella es la mía. Dicho de otra forma: Es una chica normal para mi mundo. Y, si me conoces, mi querido lector, podrás entender a qué me refiero y por qué me agrada tanto ese detalle.

 

 

 

Por supuesto, no ha sido fácil mantener una cercanía con ella. La distancia y los trajines de ambos han traído sus dificultades. Fue mucho tiempo sólo conversando, conociéndonos, entendiendo que no es una chica de gustos convencionales, que no se mueve de la misma forma que el resto del mundo, que su lógica es diferente a todo lo que se conoce…

… ¿Te suena, mi querido lector?

 

 

 

Sin embargo, no lo he dejado de intentar por ello. Es, a mi parecer, encantadora la forma en que ella me ha dificultado el acercarme. Fue difícil, como todo lo que vale la pena en la vida. Es una mujer fría en apariencia, completamente descomplicada y muy dada a su parecer, pero con una inteligencia espectacular y una compleja simplicidad que siempre me hace aprender más, conocer más, explorar más, acercarme más… Como diría Robi Draco Rosa, Más y Más.

Por supuesto, no todo es color de Rosa… Alguna persona, interesada en quién sabe qué maquinaciones, usó la cercanía con Ella para darle información estúpida de mi persona y mi forma de ser, resumiendo todo lo que pensaba (Y sospecho que aún piensa) en una sola palabra, la que más detesto:

Bobo.

 

 

 

 

Dejamos de hablar desde ese momento. Su corte fue tajante y radical, como suele ser Ella con toda decisión que toma. Supe entender su deseo de alejarse, aún cuando no conociera las razones reales de su partida.

Y así, pasó el tiempo. La vida y sus ruedas siguieron girando y, como quien no buscaba la verdad y recibió de ésta todo el golpe, reapareció.

… Así, sin más…

 

 

Y, como aquel gran personaje decía, fuimos otra vez como pan y mantequilla. Conversábamos sobre todo un poco, era prácticamente una tertulia constante. Me encontraba maravillado una vez más.

Hasta que, de golpe, casi de improviso, pudimos encontrarnos de nuevo. Un bar poco usual para mí fue escenario de dos elementos fundamentales en esta entrada: Primero, la gran efusividad de nuestro abrazo, sumada a la efusividad de nuestra larga charla; y segundo, la inusual ternura que me supo demostrar entre charla y charla, entre cerveza y cerveza.

Luego, acompañamos nuestros caminos hasta donde Ella tomaría rumbo a su hogar, a su tierra. Abrazados, tomados de la mano, siempre cercanos. Aún me parece sentir el toque de su cintura en mi mano derecha al recordarnos caminando por aquellas vías tan conocidas para mi trasegar ciclístico cotidiano.

Al final de nuestra cita, como en nuestro primer tiempo de cercanía, nos despedimos con un fantástico beso en los labios. Ese es otro increíble y encantador detalle en ella. Nunca he probado beso más fuerte y dulce al mismo tiempo, tan único y tan espiritual.

 

 

 

Desde entonces, hemos estado buscando la manera de vernos, tan frecuentemente como podemos. Si no podemos vernos en persona, no falta una buena conversación por la famosa red social. He estado tan cercano a ella en palabras, emociones y sensaciones etéreas como me ha sido posible, y se que Ella ha correspondido. Tal vez sea demasiada esperanza, según algunos puristas, pero puedo sentirlo.

Entonces, un momento alegre, por decir lo menos.

 

«Te quiero», le dije en una de nuestras charlas. «También te quiero», me respondió. «Lo he pensado muchas veces, lo he meditado y ésa es mi conclusión». Sonreí de mi lado de la computadora. Imaginé mi mano tocando sus cabellos cortos y lisos, traté de que mi presencia llegara a su lado a expresarlo.

Aún lo hago. Siempre que puedo. Siempre sonrío cuando pienso en ella. Siempre sonrío cuando conversamos, sin importar que estemos tratando de encontrar el significado de la vida en una cáscara de nuez, o comentando sobre la última serie de súper-héroes de moda, o si estamos caminando por las calles.

 

 

No, no tenemos nada formal, mi querido lector… Y tampoco lo deseamos.

Formal es normal.

Normal es para la gente normal.

Ella y yo somos anormales… ¡Y nos encanta!

 

Ésta es una pequeña forma de expresarle de alguna otra manera lo que siento. Ésta entrada no es solamente una página de mi diario digital. Es, además, una pequeña expresión del futuro cuyas luces Ella ha encendido con la intensidad de sus besos y la dulzura del toque de sus dedos sobre mis callosas manos. Con la ternura de la caricia que con que ella atraviesa mi alma y mi enmarañado cabello, Con nuestra sensatez y nuestra divergencia, con nuestra locura.

 

 

Espero que leas esto, mi preciosa luz de luna. Espero que puedas entender la intensidad de mis letras ahora.

Que tengas en tu corazón la profundidad de las palabras TE QUIERO, plasmadas en mi alma desde tantos y tantos momentos, desde todo aquel significado que pudiéramos o encontrar o inventar.

Que sepas que te agradezco tanto permitir que podamos unir por un tiempo las líneas invisibles de nuestros devenires, y que deseo que, cada día, puedas sonreír a mi lado como yo sonrío con tus palabras y tus besos.

 

 

 

Que esas líneas sean largas y podamos disfrutarnos, tanto como podamos…

 

 

 

Buenas noches.

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