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6 de Febrero de 2016

He llegado a casa particularmente cansado de mi jornada laboral.

El cansancio es directamente proporcional a la satisfacción originada por los eventos recientes. Después de todo, la pelea nunca termina, ¿No?

Mi camino de regreso siempre involucra la bicicleta que jamás me abandona, y la brisa nocturna, sin importar su temperatura. Sumado a la oscuridad, por cuenta de estos tres elementos siempre termino divagando en mis propias reflexiones, entre pedalada y pedalada. Me hace olvidar el sudor y el agotamiento de mis músculos, supongo. Lo cierto es que, por cuenta de ese fenómeno de mi mente divergente, «paso revista» por un sinfín de cosas…

Mi entrada a la universidad este semestre provino de un esfuerzo particularmente elevado respecto a los anteriores. Asumo entonces que esta… «escalada», continuará para el semestre que me falta…

O los dos que me llegarán a faltar en caso de que todo salga como no lo deseo.

Hay un curioso detalle en mi ruta de regreso diaria a casa. Cierto lugar por el cual paso (suficientemente cerca pero prudentemente lejos) me pone a pensar, con algo de mal genio a veces.

Saber que toda la estructura reciente de mi vida, todo mi «trasfondo» actual, por así decirlo, tambaleó y se quebró parcialmente por cuenta de las acciones de una sola persona…

Creo que escribiré algo al respecto en este sitio, algún día. Sin embargo ahora no puedo dejar de refunfuñar por la malignidad que, consciente o no, esta persona exhibió. Y mucho más por mi estupidez al no darme cuenta de ello.

De cualquier manera, procuro pensar en otras cosas cada vez que paso por ese lugar. Generalmente no lo logro, pero cada vez deduzco cosas nuevas.

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