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Mi problema con los colores…

Me enfurece saber que el tiempo sigue pasando, y ella aún persiste en mi cabeza.

Supongo que cualquiera que lea esas letras podría pensar que me he enamorado perdidamente de otro de mis fantasmas, pero la historia, como siempre, no es como la imaginamos.

Comenzó, mas o menos, hace un año. En mi lugar de costumbre, haciendo lo de siempre.

Sería una noche tranquila, tal vez hubiera sido mejor que lo siguiera siendo. Pero, de pronto, alguien me la presentó.

Era una chica completamente diferente a todo aquello que hubiera conocido hasta ese momento. Hermosa a su manera, inteligente y sagaz (Sin ese famoso chiste de por medio), divertida, alegre y atrevida, con un pensamiento sesgado y un sentido del humor tan impactante como su temperamento. Además, un estilo propio y una vida aventurera y loca.

Lo que yo nunca podría haber sido.

Insisto: A estas alturas muchos seguirán pensando «Está más enamorado que Romeo de Julieta con unas gotas de LSD de por medio», pero aquellos que saben de quién estoy hablando pueden confirmar que esa sola idea es, sencillamente, risible.

Así las cosas, nos hicimos amigos, comenzamos a salir mucho y a divertirnos, a la manera de ambos. Siempre juntos, para arriba y para abajo, aprendiendo a conocernos, y a disfrutar las bohemias noches de la ciudad, en compañía de nuestros pensamientos, nuestras risas, el aire de la noche, los mareos propios de los alicorados, y el uno del otro.

Aprendí a apreciar demasiado a esta mujer. Esta artista de la vida.

De ella aprendí a ver estilos nuevos, cosas distintas, aprendí a llevar mi día a día con un aire renovado y estaré siempre agradecido por ello. Ella algo debió aprender de mí.

Sin embargo, como la ficticia Natasha Romanoff lo diría: «Nada dura para siempre». ¿Verdad?

Eventualmente una tercera persona se involucró, generando una serie de eventos desastrozos que terminaron por ponerme en medio de un chisme en el que nada tenía que ver. Esta mujer, tan querida para mí, tomó la decisión equivocada: Lo creyó.

Sus razones habrá de haber tenido… ¿No?

Han pasado seis meses desde entonces. Ella sólo se ha referido a mí para dedicarme sus intenciones hostiles y asesinas. Solo me he dedicado a ella para saber dónde no encontrarla, para que no cumpla con esas ambiciones.

Pero han pasado ya seis meses.

Ella destruyó nuestra amistad de un momento para otro y se fue sin más.

Yo sigo preguntándome por qué.

Me enfurece saber que el tiempo sigue pasando, y ella aún persiste en mi cabeza.

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