Emsora recomendada: Veracruz Internacional! Escúchala aquí!
play_circle_filled
pause_circle_filled
volume_down
volume_up
volume_off

Ojos de Serpiente: Anacronismo

Fueron muchos los momentos que ambos compartieron juntos.

Era inevitable que Miguel se sintiera contento cuando Sofía tomaba la decisión indetenible de acompañarle a su alma mater. Pese a que cada cual tomaba transportes diferentes, se reunian en la entrada del moderno y blanco edificio donde él veía sus clases regularmente. Allá, en los tiempos que tenía libre, el estudiante de ciencias de la computación dedicaba cada segundo a la mujer que podría haber querido.

Así, en la cotidianidad propia de una tarde cualquiera, él encontró algo de esa plenitud y compañía que ni siquiera Gloria le pudo haber brindado. Entonces, la sonrisa en sus labios era inevitable, pese a las muchas complicaciones que los cambios súbitos en el humor de su novia le manifestaban.

En esencia, trataba de ser feliz, con demasiado ahinco para ser precisos. Y aquellas de sus voces que habitaban en lo más profundo de sus deseos reprimidos anhelaban con ansias que ella fuera la indicada.

Entonces, su decisión fue la menos indicada, pero la que más le satisfacía: Entregarse a ella por completo.

 

 

Los pasillos de aquellos edificios dedicados a compartir e impartir conocimiento eran, por lo tanto, protagonistas de caminatas y largas conversaciones, tomados de las manos y disfrutando inclusive de la más pequeña de las brisas que soplaban sobre sus rostros a las primeras horas de la tarde.

Era algo nuevo para él. Algo que nunca había vivido y siempre había querido tener, especialmente con la mujer de su vida. Sencillamente lo deseaba y, tal vez por esa razón, trató de que no le importara que hubiera tantas miradas de reojo y ceños fruncidos a su alrededor cuando estas reuniones tenían lugar. Especialmente, de aquellos que, alguna vez, fueron parte de su círculo.

Los que no le dedicaban miradas de rencor o de tristeza, evitaban simplemente todo contacto con él, cuando se encontraba con su novia disfrutando una tarde agradable.

Miguel, simplemente, callaba su sentimiento en ese momento. Y sus voces hacían lo mismo.

 

 

lonely-without-you--lonely-with-you-judith-redman[1]

Aún recuerda las veces que vio a tantos de los que, otrora, se consideraban sus amigos, pasando por su lado, torciendo el rostro, dedicándoles a ambos miradas y gestos de desprecio… o de asco.

Ya no le afectaba. Él ya no se dejaba llevar por emociones tan banales como la ira o la tristeza, al fin y al cabo ya se había acostumbrado a semejantes miradas. A su manera, él también era una víctima.

 

 

 

 

O, al menos, de eso trataba él de convencerse.

Por eso mismo estaba con ella.

Por eso mismo había deseado salvarla.

Quería dedicarle su corazón, quería que aquellas palabras que Sofía le dibujara alguna vez en un trozo de plástico en su habitación pudieran ser tan reales como los cuentos de aquellos héroes de las letras, que el Migue tanto admiraba.

Cometió el error de tratar de callar el recuerdo de Helena.

Trató de callar la advertencia de Katherin, esa que él consideraba sólo una ofensa en ese momento.

 

 

Si tan sólo hubiese sido real tal frase, esta historia sería, tal vez, algo completamente diferente.

 

 

Por siempre tuya…

… Te amo.

 

… Aún agradece aquel caminante del mundo que una de sus voces hubiera callado hasta el momento adecuado.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.