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Ojos de Serpiente: Antídoto (Parte 1)

«Querida Sofía:

Soy Paula, hermana de John. La misma que has definido como ‘Vaga, buena para nada, prepotente, engreída y soberbia’.

Quisiera refrescarte un poco la memoria, dado que has mencionado muchas cosas, así que las vamos a aclarar aquí y ahora.

Mi odio por ti empezó porque, de casualidad, encontré en una página de Internet encontré un vídeo con alto contenido para adultos, en el cual aparecía tu linda cara de zorra. Describirlo sería darte aún más importancia, así que no lo haré.

Pero quiero escribir esto para que el mundo entero conozca la verdadera cara de Sofía. Una cara que no cualquiera puede ver, y no todo el que ve puede entender, porque ése es justamente su propósito: Ser una persona que, con su supuesta inocencia y, a fuerza de lástima, quiere comprar el cariño de todos, además de ganarse adeptos.

Primero que nada, tengo que dejar claro que mi familia tuvo que pagar el famoso «regalo» de las ollas para el trasteo, y mientras tanto yo, la soberbia mujer de la que tanto hablas, te regalé aquellas ropas nuevas y costosas con las que conociste a tu amado Miguel. Estoy segura de que él cree que te las conseguiste trabajando, o te las regaló alguien más. ¿No?

Si, ésta soy yo. Esta «vaga, buena para nada», una de las estudiantes más destacadas de su institución y, aunque lo que acabo de decir contradiga lo que estoy tratando de expresar, modestia aparte, puedo afirmar sin temor a equivocarme que no alcanzas a llegar a la mitad del rendimiento académico del que tanto denigras en tu… Cómo decirlo… ¿Curso de garaje?

Y, por cierto, ¿Aquel novio del que tanto hablas? ¿Ese que se mantenía echado en el sofá de mi casa viendo televisión y comiendo a costillas de mi madre como tú solías decir? ¡NO, no existe, NUNCA EXISTIÓ!

A diferencia tuya, no necesito de regalos de marca para valerme por mí misma.

Agradezco a la familia que, con mil crisis y problemas encima, me han sacado adelante como una buena persona, no sólo como una buena mujer.

Y no necesito fingir que me estoy muriendo, porque yo no gano cariños con lástima. No necesito hacerlo.

Y te agradezco a ti. Sí, a ti. Por haber pasado por la vida de mi hermano, y enseñarle que una mujer como tú, definitivamente, es muy poco para él.

Y por mostrarnos, y a tiempo, que definitivamente no eres una buena mujer.

Entonces, te doy muchas gracias.

Besos y abrazos,

 

Paula».

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«Bueno, con mucho gusto», respondió Miguel cuando recibió, consternado tal vez como ninguno, aquél documento de parte de la hermana de John, tres días después de que su hermano dijera tan dura despedida contra él, y máxime si fue con la firme intención de que él se lo entregara a la mismísima Sofía.

Nunca tuvo forma alguna de imaginar alguna razón para que ésta joven mujer hubiera llegado a él a pedirle semejante encomienda. Era inevitable que Migue estuviera extrañado, y más con la segunda parte del favor, que le solicitó luego de haber respondido él a la primera.

«Si acaso no logras entregárselo a ella, te autorizo y te pido que lo leas. Pero sólo si no logras entregarlo, ¿Vale?»

Pasaría mucho tiempo antes de que se atreviera a leer su contenido, o siquiera abrir el sobre.

Después de todo, Sofía nunca quiso recibirlo. Lo consideraba un insulto más, «Y no estoy dispuesta a soportarlo. Yo soy una buena mujer«.

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