Emsora recomendada: Veracruz Internacional! Escúchala aquí!
play_circle_filled
pause_circle_filled
volume_down
volume_up
volume_off

Ojos de Serpiente: Una Ida…

Desde niño, Miguel ha tenido un asunto característico con su pensamiento.

El común de las personas suelen ayudar a su propio pensamiento hablando consigo mismos en los momentos que más lo necesiten, siempre bajo el control del dueño de cada mente. Son circunstancias en las que el estrés, sumado a una intrínseca necesidad de coordinar y organizar las ideas en una sola línea coherente de eventos, hace que cada quien encuentre consigo mismo la estructura que su mente necesita, para solucionar los problemas del día a día.

Pero eso es distinto en Miguel. Ya sea porque su mundo mental decidió abusar de esa habilidad o porque, simplemente, como cualquier mente divergente que se respete, funciona completamente diferente, es incontrolable el hecho de hablar solo en él.

Se manifiesta en cualquier momento, y por cualquier razón. La voz con la que Migue conversa es diferente cada vez: Desde dibujos animados o personajes de libros que ha leído, hasta constructos que sólo su propia cabeza podría crear… o contener.

Con el paso del tiempo, él ha logrado darle sentido a estos seres, y ha aprendido a entenderlos como parte de sí mismo hasta que, elegantemente, los ha convertido en lo que él llama… Sus voces.

Y pocas veces han estado tan de acuerdo como en aquel momento.

Sus clases de la tarde, en prácticas frente a una de las computadoras de su alma mater, se vieron interrumpidas, como de costumbre, por la intromisión de Sofía, en la ventana de conversación acostumbrada.

«Ya no me aguanto más esta vida, Miguel, este daño que John me ha hecho con sus palabras y sus malas intenciones, y por estas terribles mujeres que me han hecho tanto daño. Realmente ya no lo aguanto. Así que te digo adiós, a ti y al mundo entero. Voy a descansar«.

Pese a ser un hombre optimista, él sabía lo que tal combinación de palabras significaba. Y no caería en ellas tan fácilmente. Mucho menos, ahora.

  • ¿En serio, vas a hacerlo, Sofía?
  • Si, Miguel, no intentes detenerme, porque no lo haré. ¿O.K.?
  • No, no lo intentaré. Buen viaje…
  • Adiós, y gracias por ser tan bueno conmigo.
  • Pero, antes de que te vayas, hay algo que me molesta bastante y quería preguntártelo…
  • Dímelo, podré conversar contigo mientras hace efecto…
  • ¿Por qué haces esto, digo, por qué te rindes?
  • No me estoy rindiendo, Miguel, sólo quiero que todo pare ya y tú no me quieres ayudar…
  • Pero, ¿Qué esperas que haga? ¿Que sea la mano del destino o algo así?
  • Ya no importa, quiero descansar ahora…
  • Es que no estoy deteniéndote, sólo te estoy haciendo una pregunta y deseo tener una respuesta antes que esto termine.
  • No importa, igual, el daño que me hicieron esas mujeres y ese hombre no va a desaparecer, no importa si me ayudas o no.
  • Pero en serio, ¿Qué vas a lograr? No lograrás corregir lo que te ha pasado, ¡No harás nada más estando muerta!
  • Te quiero…
  • Vale, está bien… Buen viaje, Sofía, me avisas qué hay al otro lado, ¿Vale?
  • No te burles…
  • No lo hago, tú sabes en qué cosas creo. Solo que no te voy a detener y, ya que no quieres responderme, te deseo un buen viaje…
  • Te quiero…
  • Sofía…
  • ¿Sofía?

 

yellow_eyes_of_an_angry_lynx_wallpaper[1]

La clase continuó por treinta interminables minutos. Era obvio para Miguel que ella no había tratado de atentar contra su vida, al fin y al cabo, si te vas a suicidar, simplemente lo haces. Pero, aunque no lo había demostrado, a él le importaba. Claro que le importaba. Pero, al igual que en otras ocasiones, su lógica era extraña, pero correcta.

Si me desespero por pedirle que no lo haga, lo hará. Es psicología inversa básica. Así que… Haré lo contrario.

Al final de esa media hora de intensa rabia, luego de respirar profundamente, exhalar otra bocanada de humo maloliente y consultar con sus voces, llegó a una conclusión.

Ya se ha de haber arrepentido, ahora démosle la lección que necesita.

Acto seguido, hizo algo muy cotidiano entre los usuarios de la famosa red social: Se conectó a aquel conocido portal de vídeos en Internet, encontró uno en específico y, luego de haber tomado la dirección exacta en la que se encontraba, la pegó en la ventana de conversación de aquella a quien quería mostrarle un mensaje muy particular.

La respuesta llegó seis minutos después.

  • Lo siento.
  • Llegué a creer que lo habías hecho realmente.
  • No, sólo tragué tres cucharadas de sal. Me desmayé unos minutos solamente.
  • ¿Sal, Creíste que eso te iba a matar?
  • Con cómo tengo mi sangre, creí que iba a desatar un ataque de leucemia.
  • Hasta donde sé, así no se logra un buen suicidio.
  • ¿Suicidio? ¿Quién dijo que iba a suicidarme?
  • Hemos estado hablando de eso toda la tar…
  • ¡Yo jamás me suicidaría, yo soy una buena mujer!
  • Pero, Sofía…
  • ¡Ya basta! No permitiré que me cuestiones, yo sólo quería descansar, ¿O.K.? No dije nada de suicidarme…
  • … Vale, está bien…

Él decidió callar desde ese momento. Necesitaba descansar de tan estresante jornada, retomar sus apuntes, atender sus tareas, fumar otro cigarrillo y… Pensar.

No es que Miguel fuera deliberadamente condescendiente o complaciente, aunque cualquiera que hubiera visto semejante conversación pudiere haberla interpretado como tal conjunto de cosas. Muy por otra parte, su lógica era otra. Y ahora, su pensamiento era mucho más rápido que antes.

Ahora, sus voces le ayudaban.

… ¡Y luego dicen que yo estoy loco!

Sin embargo, la rabia ya no era lo que más lo acongojaba. Después de todo, sabía.

Unas horas después, otra conversación, que Sofía comenzó nuevamente, enturbió un poco más las cosas.

  • Lo siento.
  • No tanto como yo.
  • ¿Amor, por qué lo dices?
  • Porque ya no sé qué más decirte…
  • No entiendo.
  • Si te digo algo bonito te molestas, si te digo algo feo también te molestas. Si te digo la verdad te molestas aún más. ¿Será que tengo que decirte alguna mentira?
  • ¡No te atrevas a mentirme, sabes que no me gusta que me mientan y yo puedo detectar cuándo alguien me está mintiendo, ¿O.K.?!
  • Pero es que igual, no se de qué otra forma debo hablar contigo…
  • Podrías hacerlo en la forma de mi novio…
  • ¿Ah?
  • Si, es que la canción que me mostraste me hizo entender que no debo rendirme ante esos miserables que siempre han estado tratando de hacerme daño y también me di cuenta de que has estado tratando de quererme… Y quiero darme la oportunidad de dejar el pasado atrás, ¡Y te quiero en mi futuro, ¿Sabes?!
  • Pero, Sofía, ¿Y si me lo haces de nuevo? ¿Qué me garantizará que no me volverás a dejar dentro de una semana?
  • ¡Ya basta! Yo soy una mujer de palabra, yo soy una buena mujer, y quiero estar contigo, pero si me dices que no, no me volverás a ver…
  • ¿Miguel?
  • De acuerdo, entonces. ¡Intentémoslo!
  • Te quiero, amor…
  • También yo…

La bandeja de entrada de la famosa red social le mostró una nueva alerta, segundos después. Ya Miguel la había visto antes, por lo que no le sorprendió en esta oportunidad. Rápidamente, cliqueó uno de los botones disponibles.

Sofía vio la alerta frente a su computadora, con una galleta y un café tibio a su lado, en la mesa. Su sonrisa no desaparecía, sin importar el mal clima que predominaba. Ya había cenado como le era adecuado y ahora, con las cosas en orden, podía celebrar para sus adentros.

Ya eres mío. Sólo mío.

Mientras tanto, Miguel había puesto su cabeza entre sus manos, con la vana esperanza de quitarse de encima el dolor. La caótica serie de eventos que ocurrieron aquella tarde, junto con el sudor que aún persistía en su espalda, sumado al increíble acontecimiento que acababa de ocurrir, sólo pudo generarle una profunda jaqueca.

Sin embargo, entre mano y mano, su sonrisa hubiera sido evidente para cualquiera que hubiera estado a su lado.

Pronto, una de sus voces tomó el control, encarnando por un instante al comandante de Zion, Jason Lock. Miró lentamente hacia su pantalla, donde aún rezaba la nueva alerta: «Has aceptado tener una relación con Sofía».

Casi en un susurro, habló solo por un momento. Nadie lo escuchó, más que él mismo y el resto de sus voces…

«Tu turno».

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.