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Ojos de Serpiente: Veneno (Parte 3)

«¿Cierto que me vas a ayudar a que esas tipas paguen, amor? Es que ya estoy cansada de que hablen mal de mí, de que se metan en mi vida, como si ellas nunca hubieran tenido novios, como si nunca se hubieran acostado con nadie, y entonces yo tengo tres novios y hago el amor con esos tres, y ya soy una perra, ya soy una zorra… Ya es suficiente, ¿Verdad?

Si, tres novios, y a ti no se te ocurra dudarlo, ¿O.K.?

Uno fue ***CENSURADO***, el que fue ex-novio de Alma. Primero fue novio mío y como ellos dos no funcionaron y el quiso volver conmigo, creo que por eso es que ella me odia, me echa la culpa y él fue quien quiso volver, no es mi culpa, ¿Sabes?.

Además, Alexander quiso salir conmigo, me dijo que estaba soltero cuando salimos, y salimos dos veces. Me trató de robar besos y no lo permití. Sabes que no soy de esas… Yo creía que estaba sobre territorio seguro y, la verdad, no conocí ni conozco a Katherin como para que me odie de esa manera… Así que no cuenta…

Otro fue ***CENSURADO***, y tuve una relación muy corta con esta persona. No me gustaría hablar de esto porque una chica llamada Daniela, ¡Quien, por cierto, también es amiga tuya!, dice que también estuve seduciéndolo y no es verdad. Primero, él y yo tuvimos algo sólo cuando ellos dos no tenían nada y, segundo, cuando volvió con ella me dejó de interesar, porque yo no soy plato de segunda mesa. Y me buscó de nuevo, y trató de aprovecharse de que Tengo demasiado amor que dar en el mundo, pero no me convenció, porque yo soy muy firme en mis convicciones y cuando amo, amo de verdad. Pero cuando ya no amo, no hay marcha atrás, no vuelvo ni a rogar, ni a suplicar, ni a nada de eso. Yo tengo dignidad. Yo soy una buena mujer.

El tercero fue John, y ya sabes en qué terminó. La verdad, estoy muy molesta con eso porque yo soy una buena mujer y estas malas lenguas están destruyéndome una y otra vez.

Además… El mismo John, ¡es un imbécil! No puedo perdonarlo, ¡Me traicionó! Quiero que pague…

¡Quiero que PAGUEN TODOS! Me ayudarás, Miguel, ¿Cierto que me ayudarás?

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A ellas… Quiero demandarlas por difamación y por atentar contra mi buen nombre, porque han dañado mi buen nombre. Yo soy una buena mujer. Y mi trabajo con los niños depende de mi buen nombre. Y tú me puedes servir para eso. Puedes sacarles información. Lo harás, ¿Verdad?

¿Cierto que me vas a ayudar, amor?

A él… Quiero que pague, que llore una lágrima de sangre por cada una de las que lloré por él. Quiero que le duela, ¡Que sufra!

Me gustaría que me ayudaras, amor… ¿Cierto que él va a pagar?

¿Cierto que me ayudarás a hacerlo sufrir, amor?»

 

 

 

«Claro, vida mía», respondió Miguel en cada una de las veces que semejante solicitud venía de su novia, ya fuera en la cama que ambos compartían, caminando por la calle, o en la misma mesa, en el mismo bar.

Eso de ser deliberadamente condescendiente, para su sorpresa, era una habilidad que a él se le daba muy bien.

Muchas veces, tanto en ese momento como tiempo después, repasó él tales palabras.

Quién sabe lo que hubiera pasado si él hubiera accedido a tan insanas y desequilibradas demandas…

 

… Y más después de lo que pasó aquella noche, con Gabriela…

 

 

 

Pasaría demasiado tiempo para que el protagonista de esta turbulenta historia notara, para su sorpresa y desdicha, que ella nunca lo contó a él como novio…

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