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Paulette: Mi apoyo a la libertad…

Madmoiselle, buenas tardes

Sí, soy un «aparecido», igual que muchos, igual que tú, igual que Daniel Samper, igual que Andrés Pastrana, igual que Pirry, Santos, Vicky, «Kike», «El de la moto», German, o el Dross, o Fulano, o Sultano, con una experiencia y una carrera en ella igual que todos los demás, con amigos, amigas, amores y odios, con cosas insulzas y banales y con conocimientos, opiniones e ignorancias, como cualquiera…

… Con una vida, al fin y al cabo. Igual que tú.

Igual que todos.

Y me gustan cosas, y no me gustan otras. Igual que todos los demás.

Y ¿Sabes lo más interesante?

Es que la opinión de alguien como yo, siendo un «aparecido», es importante. Tanto que es respetada y PROTEGIDA por la constitución. Igual que la tuya. Igual que la de Samper y la de todos los demás. Y, así como importante es mi opinión, es importante el respeto que de por los demás. Tan importante, que también es EXIGIDO en la constitución que nos rige.

Por eso, en lo personal, me parecen loables respuestas como la tuya, Paulette, tan sensibles como sinceras, como igualmente contundentes… Así como me parece deplorable la opinión de un «literato de Harvard» como el señor Daniel Samper Ospina (¿A alguien de los presentes, por cierto, no le llega a la cabeza la famosa expresión «Hice seis semestres de finanzas en la San Marino» al conocer ese detalle?), quien, entre su bagaje cultural, debería estar la Constitución Nacional de 1991 y, peor aún, la Carta Magna de Derechos Humanos y que, por lo tanto, debería saber que tales mofas al arduo trabajo de personas que no cuentan con expresidentes entre la lista de personas para invitar en navidad son, simplemente, una vulneración a sus derechos.

A tus derechos, a los míos.

A los derechos de todos los «pendejos» a los que el señor Samper se refiere mientras intenta hacer sarcasmo barato con una máquina de escribir roída e inservible mientras pretende, con su jersey de marca y usado quién sabe cuántas veces (y de qué maneras) ser mejor que todo el mundo sólo porque tiene 40 años (– 41 –).

Cuidado, mi querido lector, mi opinión puede ser despectiva igual que la de muchos. Pido disculpas, Paulette, porque no quiero caer en lo mismo por lo cual todo esto está sucediendo. Pero, es mi opinión, ¿Verdad? Puedo, y quiero, expresarla. Por eso continúo aquí, mi querido lector, y me voy a «regar en barbacha» para dejar muy en claro mi posición, porque este asunto me duele y tengo derecho a quejarme. Sí, no coloco videos en Youtube, cierto. Soy un «aparecido» en todo esto, es verdad. Pero me considero «Blogger aficionado», y esto también me toca. Ergo, me ofende.

Realmente quisiera entender en qué cree el señor Samper que está pensando, o quién se cree para pretender que tiene algún tipo de permiso para atentar contra la dignidad de otras personas, máxime cuando están haciendo lo que les gusta o lo que les nace hacer. Digo, ¿Qué el humor político puede arremeter contra todo el mundo, por esa noción aristocrática barata de que todos somos políticos?

Yo soy poco entendido en la política, pero tengo algo claro. Todas las protestas que ha recibido por las burlas que le han hecho le han sabido resbalar al señor Samper. Tanto así, que ha hecho un video al respecto, rematando las burlas. Pidiendo que compren su puto libro, a ver si se hace millonario.

Quisiera que el señor Samper me dijera si denigrar la dignidad y la obra de otras personas sería tan divertido si se lo hicieran a él. Si alguien se atreviera a decirle al mundo que Daniel Samper ha desperdiciado su grandilocuente educación en el extranjero y el bagaje cultural que dice tener, atentando contra la dignidad y buen nombre de personas que tratan de expresarse de la manera en que desean y que, como le sucedió a Paulette, no tienen nada que ver, bajo la insulza mascarada del periodismo y del humor negro, ¿Qué sentiría?

Tal vez le resbalaría, eso lo tengo claro, mi querido lector. Pero creo firmemente que algo sucedería.

… Porque personas como él, que tan poco hacen para crecer por sí mismos sin tener la necesidad apremiante de aplastar al inocente terminan teniendo vidas insulsas, vacuas, en las que no se brilla por luz propia sino por oscuridad ajena. Tan poca cosa se podría creer alguien como Daniel Samper, que prefiere ridiculizar a los demás a falta de una razón propia para resaltar.

A consecuencia, tenemos a Daniel Samper, un prolífico escritor que brilla por su trabajo como escritor de sátiras políticas en la revista Semana, donde se ha hecho famoso por su estilo sarcástico, cargado con un humor corrosivo, con el que fustiga a la clase política colombiana y, ahora… A todos los demás que no sean su querido y pulcro presidente tío, al que no olvidamos por terminar de zampar a Colombia en el mierdero en que estamos, pero de eso no escribe, porque ahí sí, su «sátira política» sería ofensiva para el tío querido, ¿No?

Se burla de cómo baila Santos, de los gustos sexuales del teniente Angelo, de los discursos de Horacio Serpa y de Paulette y de los nombres de los restaurantes en el parque de la 93 (De donde no sale, por cierto), pero de Tío Samper no habla, ahí si no le sirve, pero no podemos culparlo, al fin y al cabo, como dice él mismo: «Soy un SAMPER». ¿Cierto, mi querido lector?

Ah, y no hablemos de la revista SoHo, de la cual es editor y en la cual, bajo su reinado, se ha permitido un tratamiento al género femenino no muy superior a las mejores obras de grandes y célebres próceres como Tego Calderón o «Daddy Yankee» o «Reykon», o este tipo de «La quemona»…

… Toda una joya, a mi humilde modo de ver.

Quisiera, mi querido lector, seas quien seas, que no te dejes llevar por la primera impresión que tengas al frente. Menos, cuando se trata de una figura pública, porque su opinión puede ser impuesta con tanta facilidad que asusta. Sin embargo, sí habría de pedirte que mires los dos lados de una moneda, antes de conocer su valor.

No niego que la estupidez humana está en todos lados: Desde músicos que saben hacer revolcar la tumba de Beethoven o youtubers que se filman comiendo arroz con huevo y hablando sandeces con acento costeño, hasta escritores que avergonzarían a Germán Castro Caicedo, hay personas estúpidas en el mundo.

No me excluyo, yo soy estúpido a mi manera, podrás darme la razón si has seguido este blog con calma, pero al menos no ataco a nadie haciendo mofas de lo que hacen o dejan de hacer. Todos tenemos un camino en esta vida y nuestros logros, seamos o no famosos, se merecen respeto por el simple hecho de ser nuestro.

Por eso te apoyo, Paulette, porque se que tienes razón, porque no estoy de acuerdo con los ataques de odio de parte de personas que, famosas o no, nada tienen que ver contigo y, menos aún, por lo que haces o dejas de hacer. Está bien, sometemos nuestra vida al escrutinio público al ponerla en una plataforma pública para el mundo, pero ¡Hey, lo cortés no quita lo valiente!

¿No te parece?

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