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Joker – El descenso a la locura

¿Qué obtienes cuando juntas a un enfermo mental solitario con una sociedad que lo abandona y lo trata como basura?

Sin duda, si viste ésta obra maestra del cine reciente, sabes la respuesta que su protagonista da a ésta pregunta. Pero, no estoy buscando ésa respuesta.

No por ahora, por lo menos.

«Joker» o «Guasón» en latinoamérica, es una película de suspenso y drama psicológico inspirado en el icónico némesis de Batman de los comics y películas de DC.

Bajo la increíble dirección de Todd Phillips y la magistral actuación protagónica de Joaquin Phoenix, no ha hecho otra cosa que ganar premios en cada concurso donde ha participado: Desde el festival de cine de Venecia hasta los premios «Oscar» de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas, pasando por los Globos de Oro, los BAFTA y otros, ésta reinterpretación de 2019 del legendario archi-villano sólo pareciera tener «Triunfo» escrito en la frente.

Pero los premios no lo dicen todo, y ésta película, como dicen, «es más de lo que ves». Por eso, quisiera hacer un análisis concienzudo sobre el argumento y los profundísimos mensajes filosóficos y sociales que plantea éste filme. Con lo anterior dicho, creo que es obvia una ALERTA DE SPOILERS, y luego no digas… Que no te avisé.

Argumento

La película, ambientada en los años 80, cuenta la historia de Arthur Fleck, un payaso a sueldo que vive en Ciudad Gótica junto a su madre enferma, en un tiempo en que la ciudad está colapsando sobre sí misma, presa del desempleo, el crimen y la ruina financiera, lo que genera una profunda división social, no sólo entre las clases socio-económicas reinantes, sino también entre los individuos.

Esto, sumado a la enfermedad mental de nuestro protagonista, hace que una serie de eventos desafortunados e intenciones maliciosas reverberen en él, provocando que su frágil estado emocional se vaya desmoronando, para que, al final, en un clímax que no pretendo mencionar aquí para que te veas la película, la poca cordura que le queda desaparezca, y el villano que tanto reconocemos de los comics emerja… Triunfal.

Es aquí donde, en la escena más importante de la película, surge una pregunta, planteada a manera de uno de esos chistes malos que sólo el Guasón puede contar, que engloba todo el contexto crítico de la película, y que esconde un mensaje demasiado poderoso para ser ignorado.

… Uno que no ha pasado desapercibido ante mis ojos, y es justo esa la razón por la que comencé con la pregunta antes mencionada.

Un análisis - Una reflexión

Poniendo a un lado los obvios arquetipos y las referencias evidentes a otras versiones del Guasón en los cómics, películas animadas, series de televisión y otros medios, incluso poniendo a un lado la naturaleza evidente del personaje de Arthur Fleck, toda la trama central de la película se reduce a éste momento en específico. 

Y es que, sin lugar a dudas, el mensaje que éste falso chascarrillo le entrega al espectador es tan fuerte como una bofetada en el rostro. Una profunda reflexión que, aunque la cinta se encontraba ambientada en los años 80, es ahora más vigente que nunca. 

Déjame preguntarme, ¿Es acaso nuestra sociedad realmente más inclusiva, más comprensiva con la diferencia, la adversidad y la diversidad? Digo, ¿Lo es realmente?

Vemos una imagen o un video sobre alguien que tiene una discapacidad, una enfermedad o que, simplemente, es diferente a nosotros, lo compartimos en una plataforma de redes sociales y creemos que hemos hecho algo bueno por el mundo. Nos conmovemos, supuestamente, con las causas sociales, pero al día siguiente hay otro meme de gatitos que llama nuestra atención y ya hemos dejado pasar aquello por lo que habíamos declarado que «pelearíamos con nuestras vidas».

Y, al final, todo aquel que se sintió apoyado en algún momento gracias a las redes sociales o a los memes baratos, o a los 15 minutos de fama que logró, vuelve al lugar donde empezó… Al lugar del que Arthur Fleck se quejaba en la película. «… Paso a su lado todos los días y nadie me nota…», decía en medio de su discurso en el show de «Murray Franklin», mientras el mundo entero lo escuchaba… Sólo porque el mismo personaje de Robert de Niro (Cuya actuación fue, también, espectacular, cabe agregar) se burló de él unos días atrás y eso permitió que fuese tomado en cuenta.

Y es que, de no haber hecho la pregunta crucial, y haber tomado el macabro giro que tomó, el Guasón nunca hubiese sido visto. Jamás.

Y he ahí el mensaje más oculto en la película, al menos para mí.

¿Qué tan rota debe estar la sociedad para que haya personas que tengan que hacerse daño a sí mismos o a otros, sólo para ser tenidos en cuenta? ¿Sólo para ser escuchados?

Y más importante aún, ¿Cuánto nos importan realmente los problemas que pasan a nuestro alrededor?

¿Es acaso nuestra sociedad realmente más inclusiva, más comprensiva con la diferencia, la adversidad y la diversidad? ¿O es acaso que todo el caos a nuestro alrededor sólo sirve para alimentar tendencias y crear memes estúpidos, cadenas de WhatsApp y turbas enfurecidas de Facebook?

(¿… O para tener material para crear entradas de blog atractivas, o videos de YouTube que pasen de 50 visualizaciones?)

¿Está realmente loco éste Guasón?
¿Lo está realmente alguno de ellos?

Conclusión

Hoy, lo que llaman «políticamente correcto» es sólo una campaña de marketing, diseñada para generar impacto y tendencia, y pasar desapercibido luego de un tiempo. O una excusa, tal vez, para que la gente no se sienta mal en medio de una indiferencia creciente ante la compleja y caótica sociedad de nuestros días.

Este es el mensaje que el director Todd Phillips nos da en «Joker» de una forma tan magistral como cruda. Un golpe en los testículos y una bofetada en la cara diseñados únicamente para que dejemos de una vez por todas de ser apáticos con nuestro prójimo, que realmente pongamos nuestra voz porque nos importa el dolor ajeno y no sólo «por las risas» o por lo «políticamente correcto», que a los que más nos necesitan les demos realmente nuestra atención, y no sólo nos quedemos grabándolos porque «Van pa’l face», que despertemos de una buena vez a la realidad.

Una realidad en la que, cuando juntas a un enfermo mental con una sociedad que lo abandona y lo trata como basura, obtienes lo que putas mereces.

Y lo peor, es que algunos usan el mal ajeno para crear grupitos diseñados para burlarse de las demás personas en su cara bajo una máscara mal diseñada de «humor negro».

Y esto es lo que más me gusta de ésta película. Es una visión, tan aterradora como realista, de un personaje que, pese a ser ficticio hasta el límite de lo icónico, no es otra cosa que un reflejo de la más mórbida y desgarradora locura de la sociedad. 

Porque es cierto lo que otro personaje de reciente adquisición de DC Comics dijo, y aplica ahora tan bien…

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